martes, 20 de septiembre de 2011

Una reflexión sobre Sanlúcar de Barrameda y la conservación de Doñana




El Guadalquivir en su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda, siempre modelando el paisaje, mientras dos mariscadores se dedican al atardecer a capturar las populares gusanas





Los espacios naturales protegidos no se pueden conservar aislándolos del contexto socioeconómico que les rodea, como ha venido ocurriendo con Doñana.

En unos momentos en los que la situación del medio ambiente en el planeta se cuestiona cada vez con mayor preocupación, planteamos en el presente documento , desde el punto de vista de la conservación de la naturaleza,  que como ecosistema es enormemente frágil. No podemos olvidar que las Marismas del Guadalquivir dentro de la geografía europea y paleártica son de las más significativas para la contribución al equilibrio ecológico de grandes poblaciones de infinidad de especies con un alto valor científico. Especies que convergen en uno de los espacios naturales considerados hoy día Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera.


Fotografía correspondiente al Programa Educativo "Diálogos con la Naturaleza", que duró 15 años dirigidos a colegios y adultos, que precedió al de "Las Huellas de la Memoria". La imagen corresponde al Cortijo de Évora.


Desde la llamada Revolución Industrial hasta la actualidad la sociedad en general ha venido aprovechando o usando el medio en el que vive para su propio desarrollo y en beneficio del aparente progreso de la civilización. Este uso del medio ha alcanzado cotas preocupantes. Hasta hace poco tiempo hablar de desarrollo equivalía a hablar de destrucción del medio natural, al menos desde el lenguaje científico, ya que hemos conseguido ese aparente progreso de la civilización a costa de ir ganándole terreno al medio ambiente natural. Es importante apuntar que el ser humano, desde la misma Prehistoria, siempre ha estado utilizando los recursos que el entorno le dispensaba y, salvo algunos casos muy concretos, nunca se planteó los trastornos que sus actividades podían causar al conjunto de la Biosfera.


Primeramente tenemos que señalar que inicialmente surge una corriente filosófica de preocupación por el medio encaminada más bien al estudio de las especies, casi parejo con el de los viajes de exploración a diversas zonas del globo terráqueo. Dentro de este período, que alcanza su apogeo en los siglos XVIII y XIX, aparecen las figuras de Darwin, Linneo, Mendel, Humboldt, Mutis y tantos otros que dedicaron gran parte de sus vidas a analizar especies que poblaban nuestro planeta. Quizás habría que llegar hasta el alemán Ernst Haeckel para que la observación de estas especies adquiriera un mayor sentido, ya que es cuando comienza a considerarse toda una disciplina científica el estudio de la biología de los ecosistemas, más conocida a partir de la segunda mitad del siglo XIX como la ciencia de la Ecología.


Trozos de espacios para salvar, el resto para destruir


Es cuando toma una mayor relevancia el análisis de la vida de las diferentes y variadas especies en relación con su propio entorno. Por ese mismo tiempo nace la
Sociedad Española de Historia Natural, surge también el primer parque nacional significativo del mundo, el de Yellowstone en Estados Unidos (1.872) a raíz del interés mostrado por un grupo de naturalistas norteamericanos que venían explorando desde hacía algún tiempo las maravillas de la naturaleza del lugar. Posteriormente ese interés por proteger zonas naturales para usos deportivos y de ocio calan en nuestro país por medio de la ya citada Sociedad Española de Historia Natural o sociedades excursionistas, que poco a poco van tomando conciencia de la importancia de ciertas zonas de nuestra geografía penisular e insular, especialmente el Guadarrama y Picos de Europa, y que cristaliza con la primera Ley de Parques Nacionales de 1.916 promovida por el gobierno español y, posteriormente con la creación del primer parque nacional español, la Montaña de Covadonga, el 22 de Julio de 1.918.


Anteriormente a estas fechas en España se conservaban desde época medieval muchos espacios naturales con fines cinegéticos. Estos cotos de caza hay que reconocer que han permitido conservar a través del tiempo gran parte del medio natural que hoy constituyen nuestros espacios naturales protegidos. Especial hincapié habría que hacer en los pioneros de la conservación de la Naturaleza de Doñana (precisamente uno de los más antiguos y emblemáticos cotos de caza conservado hoy como Espacio Natural Doñana), hay que resaltar las primeras expediciones científicas a esta zona en la década de los cincuenta. Es cuando se celebra la famosa "Coto Doñana Expedetion", impulsada por entusiastas profesionales españoles del mundo de la naturaleza como José Antonio Valverde, Francisco Bernis y Mauricio González Gordon, al amparo de prestigiosos naturalistas británicos y de otros puntos de Europa, casos por ejemplo de sir Julian Huxley, Mountfort, Peterson, que hicieron posible la creación de la hoy famosa Estación Biológica de Doñana en 1.963.



Y llegamos al año 1.968, cuando un grupo de importantes personalidades fundan el Club de Roma. Una institución que se ha caracterizado desde entonces por sus informes rigurosos sobre el estado del planeta. El primer informe que emite fue publicado en 1.972 con el título de "Los límites del crecimiento". Paralelamente comienza también los movimientos ecologistas y pacifistas, con sus luchas principalmente por una conciencia antinuclear de centrales, la primeras bases militares estadounidenses y el tráfico armamentístico. En España tiene especial relevancia el grave suceso de las bombas de Palomares (Almería), que a día de hoy se sigue intentando maquillar.


Es cuando ya se comienza a hablar de forma escandalosa de la degradación del medio ambiente, por los excesos cometidos en el aprovechamiento que la sociedad occidental venía haciendo de los recursos naturales. Es cuando se comienza a distinguir el nivel de vida con la calidad de vida. Ese mismo año de 1.972 se celebra en Estocolmo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el medio humano. En 1.973 se crea el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. En 1.977 se celebra en Tbilisi (Georgia) la Conferencia Intergubernamental de Educación Ambiental. Y así desembocamos en la Conferencia Internacional de Río de Janeiro de 1.992, donde se proponen las bases del llamado desarrollo sostenible.


Durante estas últimas décadas se han venido generando infinidad de conferencias que vienen a decirnos, al fin y al cabo, que tenemos un diagnóstico más o menos claro y un método para sanar al Planeta de sus muchas heridas. Resta lo más importante, nuestra conciencia, sensibilidad y participación social. Por consiguiente, la conservación de la naturaleza, que ha venido considerándose por una gran parte de la sociedad una moda es hoy día uno de los grandes temas que preocupan a la población mundial. Sin embargo, armonizar las relaciones del ser humano con el medio que le sustenta y le da vida no es una tarea fácil. Interrelacionar los conceptos de conservación y desarrollo sigue promoviendo intensos y variados debates encaminados a analizar la situación del planeta y buscar las soluciones más adecuadas.



Muchas costumbres del habla popular, de oficios
artesanos, de fiestas tradicionales están en serio peligro de extinción, tanto en Sanlúcar de Barrameda como en muchos lugares de la
Tierra, y eso conlleva una enorme pérdida de diversidad cultural y lo que se ha dado en llamar patrimonio inmaterial por la UNESCO.




Hay que estudiar métodos para que sigan vigentes y no sólo ocupen lugares en museos y congresos de moquetas estériles con subvenciones derrochadoras.
No está resultando nada fácil conseguir una conciencia colectiva clara que comprometa a la sociedad en participar activamente en la conservación y en la correcta gestión del medio ambiente natural, rural, y urbano. Precisamente la complejidad de integrar los modelos de desarrollo que proponen las sociedades modernas en el ámbito puramente ecológico está provocando graves alteraciones en el medio.
Para que la consecución de esta relación sociedad-naturaleza sea fructífera se han querido reservar ciertos espacios que protejan la biodiversidad de un medio que cada día va empobreciéndose más; pero para proteger estos espacios y especies, con todo el potencial genético de indudable valor que contienen, se están llevando a la práctica planes de conservación de áreas ecológicas en todo el planeta, como el Programa MaB que está realizando la UNESCO.


En medio de toda esta compleja red de espacios protegidos y de reservas naturales, nuestro país, y más concretamente la Comunidad Autónoma Andaluza, viene proponiendo la salvaguardia de una serie de zonas con unas especiales características ecológicas y culturales.




Las consecuencias sociales que vienen provocando el conservar áreas como Doñana y Cazorla, por poner algunos ejemplos, se traducen en alteraciones que produce una sociedad que bajo fórmulas de presión incontrolada demanda un aparente reencuentro con lo natural, con un medio que le es vital, cuando no existen razones relacionadas con la especulación y otros oscuros intereses.

Retos para la conservación


Para corregir estos problemas se pone de manifiesto que no es suficiente conservar espacios protegidos (bien sean parques naturales o nacionales) a modo de islas, ya que no tiene actualmente mucho sentido seguir con la política de respetar y valorar un medio que pretende permanecer inalterable a las agresiones humanas si no actuamos en los focos que generan dichos trastornos. Contextualizar un espacio protegido en las sociedades urbanas o rurales que las rodean es el gran reto, si realmente queremos seguir conviviendo con la naturaleza que nos hizo y nos sigue haciendo posibles, si queremos llevar a la practica el desarrollo sostenible, usando los recursos que ofrece el medio, rentabilizándolo económica y ecológicamente. El desarrollo sostenible es no vivir por encima de nuestras posibilidades, siendo el factor limitador la propia Naturaleza. Programas de desarrollo local como el que proponemos en este Programa de Investigación de "LAS HUELLAS DE LA MEMORIA" ó "DIÁLOGOS CON LA NATURALEZA" pensamos que contribuyen a que cada día ecologicemos nuestros hábitos y costumbres, y a que entendamos que nosotros también somos naturaleza, algo que todavía no hemos logrado comprender a pesar de los esfuerzos que se vienen realizando en esta dirección.

Aplicar estrategias y programas serios que eviten logros rápidos carentes de contenidos y eficiencia pueden solventar el distanciamiento que va imponiéndose de manera acelerada entre el mundo interior del ser humano y la plasticidad de nuestros paisajes silvestres, dotando además de una mayor riqueza ecológica la vida de nuestro entorno rural y urbano, ya que estos espacios protegidos, en el caso de Andalucía, se han creado en zonas muy deprimidas económicamente.

Las Reservas de las Biosferas no se deben limitar únicamente al medio natural, sino al urbano y rural. De ahí la importacia de este proyecto pionero, que puede servir de ejemplo a otros lugares del Planeta. Pero todavía se requiere un gran esfuerzo por parte de todos para concienciarnos de la importancia de estos valores culturales y naturales.


Espiritu Santo, Sanlúcar de Barrameda, con Doñana al fondo 
(Fotografía Jacobo Bernal)


 

Tratamos de llamar la atención sobre actuaciones que pensamos que son necesarias para un mejor desarrollo y promoción de la ciudad, incorporando el valor añadido que supone el aprovechamiento racional de un espacio natural protegido, sin que esto suponga un menoscabo para la conservación de la biodiversidad del medio. Nuestro reto es fomentar la economía y el empleo en nuestro término municipal, convirtiéndolo a su vez en un referente por la calidad de sus recursos endógenos, aunque sin olvidar nuestra propia evolución como seres humanos dentro de la diversidad cultural que nos rodea a nivel territorial y sin perder la perspectiva planetaria.

Manuel J. Márquez Moy, Especialista en Educación Ambiental en Interpretación de Paisajes.

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